NOTA AL COREÓGRAFO FOLKLÓRICO HUGO JIMÉNEZ

Baila, Salta, crea

En septiembre pasado, como cada año, se celebró el Día de los Autores y Autoras. Motivo por el cual, en una semana de festejos, el lunes 15 de ese mes se efectuó la primera de las cinco ceremonias destinadas a entregar los Premios Argentores 2025, a la Producción Autoral 2024 en el rubro Teatro. El jurado de dichos premios estuvo integrado por los integrantes del Consejo Profesional de Teatro.

Durante esa jornada, Hugo Jiménez, el director del Ballet Salta, recibió por parte de autoridades de nuestra entidad una distinción “por su trayectoria y contribución al desarrollo de la danza folklórica. ”Junto a Marina Tondini, su compañera de vida, de danza y de responsabilidad directiva en el grupo, el coreógrafo, desde 1969 ha sabido  llevar adelante un proyecto artístico respetado y coherente en lo estético y estilístico.

Sostenido en un estilo caracterizado por expresar con rigurosidad la esencia popular y folklórica de las tradiciones norteñas, el Ballet Salta se consolidó como una de las compañías de danzas folklóricas independientes más importantes de la Argentina. En materia de repertorio, el grupo, además de las formulaciones norteñas, ha incursionado en diversas coreografías que evocan lo sureño, el Litoral, lo cuyano y hasta lo ciudadano.

Socio de nuestra entidad desde hace más de medio siglo, Jiménez no solo ha sido considerado un valioso bailarín, sino que ha desarrollado una carrera autoral coreográfica en el universo nativo muy consistente y siempre ha sido un fervoroso defensor de los derechos de los creadores. Es crucial tener en cuenta que el coreógrafo o coreógrafa no solo dirige, sino que “compone” la danza y es quien da estructura a la sucesión de movimientos, gestos y formaciones con un sentido dramático o estético. Así como un compositor crea una partitura o un escritor un texto, el coreógrafo o la coreógrafa es quien “escribe” la danza a través del movimiento.

Y Jiménez aprendió largamente todo esto del mejor en su actividad: el legendario Santiago Ayala. Es que su formación está moldeada por la figura ineludible y mítica de “El Chúcaro”. El salteño fue un alumno directo de éste y formó parte de su ballet, algo que moldearía la totalidad de su visión artística. Ayala no solo fue el mejor, sino que era distinto a todos: exigía a sus bailarines una sólida base técnica en danza clásica y moderna, lo cual subió el nivel de la danza folklórica de proyección en Argentina. Y leer. Y estudiar a fondo historia, geografía, tradiciones de cada región antes de subirse a un escenario o de ponerse a crear.

De esto y de mucho más conversamos con el bailarín durante una visita al Espacio Encuentro de Argentores. Aquí, una síntesis de algunos de sus conceptos fundamentales:

“Con el Chúcaro estuve de los 22 a los 29 años. Era muy generoso. En 1969 me prestó sus bailarines y con ellos gané en Cosquín, con la coreografía La gran payada. Me dijo que yo ya estaba listo para hacerme un camino independiente y así fue.”

“Ayala sabía escuchar, percibir el mundo. Se pasaba buscando mitos, rescatando historias, leyendo sobre personajes históricos e indagando sobre personas anónimas. Y se rodeaba bien, de gente despierta, sensible: era muy amigo de Atahualpa Yupanqui, por ejemplo.”

“El Chúcaro me enseñó también otra cosa enorme: siempre y primero escuchar la música. Entenderla. No hay coreografía sin comprensión previa de la música, decía siempre.”

“Es un orgullo que mi creación El amanecer salteño, estrenada en tiempos en que Ayala dirigía el Ballet Folklórico Nacional, continúe formando parte del repertorio estable del cuerpo.”

“Fue el gran poeta Jaime Dávalos el que me aconsejó que no le pusiera a mi ballet mi nombre. Y que lo denominara Salta.”

“Nuestro ballet está formado por 6 parejas. Así fue desde siempre; es la cantidad justa para poder andar por el país. En el momento de mayor trabajo -1972- llegamos a hacer ¡doscientas! funciones anuales.”

“¿Elección de repertorio? Empezamos por lo nuestro: Salta, y luego recreamos Jujuy. Después, con el tiempo, saltamos a un estilo que quiero: el litoraleño. Las danzas cuyanas siempre me costaron siempre un poco, son muy especiales. Lo sureño es complejo y algo muy lindo: son airosas, de estampas estiradas y de cierta lentitud. El malambo sureño es más lento que el norteño. Y, claro, el tango también siempre fue una elección permanente.”

“En el exterior siempre me han pedido tango, cosa que hemos hecho. Pero nunca dejamos de mostrar lo nuestro, lo de las provincias, con imágenes de las regiones, con coreografías muy criollas, que resumen lo que somos.”

“Mis músicos preferidos para recrear en danza son Ariel Ramírez, Waldo de los Ríos y Mariano Mores.”

“Es difícil seleccionar obras que uno ha hecho. Quiero nombrar a mi trabajo sobre Camila, de Agustín Pérez Pardella; La leyenda de la yerba mate, de Horacio Quiroga. También mi incursión como coreógrafo en obras de teatro tradicionales, como Tu cuna fue un conventillo, de Alberto Vaccarezza, con la dirección de Rodolfo Graziano.”

“Si me preguntaran por “mi” estilo, diría solo que soy alguien que busca lo esencial, que va a la raíz, trata de ser didáctico y que busca informarse mucho antes de empezar cada trabajo.”

L.C.