CARLOS ULANOVSKY HABLA DE SU PASIÓN POR LA RADIO
“Ser frente al micrófono lo más parecido a como uno es fuera del micrófono”
El Decálogo:
1 La radio es el mejor lugar para experimentar: el más libre, el menos intervenido por intermediarios tóxicos, el más plural, el que menos palpa de ideas.
2 Cualquier programa de radio consiste en una sucesión de pequeñeces imprescindibles que, cuando se juntan adecuadamente, te ayudan a armar un programa grandioso; ni te diste cuenta y ya pasaron dos o tres horas.
3 La radio hace realidad el cuento de las botellas arrojadas al mar. No solo te escuchan mamá y papá, el tío lejano y el quiosquero de la cuadra, sino que un día, inesperadamente, pueden aparecer un compañero de la primaria, una antigua novia o la convocatoria más impensada Y eso la radio lo hace muy bien, mucho antes que cualquier red social.
4 Un programa que se precie de bueno es aquel en el que ninguno de sus integrantes aspira, secretamente o no tanto, a quedarse con el lugar del otro.
5 Aunque con frecuencia cortan el mambo de la narración, a la tanda, al informativo, al anuncio de la locutora de hora, temperatura y humedad, y a los operadores… se los respeta Respecto al operador -que es, o debería ser, nuestro primer oyente-, hay que preocuparse si se lo ve con cara de aburrido o pispeando el teléfono.
6 Corazón y notas cortas. Porque si se alargan, siempre en el piso habrá un coordinador de aire, productor o compañero que nos apure haciendo circulitos en el aire con el dedo índice.
7 Si por la circunstancia que fuera, un día te vas con la sensación de que todo salió al revés de lo soñado, no te preocupes: el programa siguiente saldrá mejor, porque la radio siempre da revancha.
8 En cualquier programa, los oyentes se consiguen de a uno Y ese acercará a otros diez.
9 La radio es el medio que permite ser frente al micrófono lo más parecido a como uno es fuera del micrófono.
10 La radio es muchas cosas juntas Es calidez, es cercanía, es intimidad, es confianza, es ilusión, pero, antes que nada, es compañía Cuando se comprende eso, se entiende una parte esencial de la llamada “magia radial”.
Bonus: Desde siempre la radio, respecto a los otros grandes medios, fue más fácil de hacer, comprender y resolver. Mucho más que la gráfica —que te ensucia los dedos y te exige escribir miles de caracteres— y que la televisión, porque se puede salir al aire sin tener que pasar por la sala de maquillaje. Lo de las redes sociales es demasiado nuevo y está en estudio, pero la radio no te exige clics, enchufes complicados ni aplicaciones.

Este decálogo certero, (escrito por él), fruto de un eterno diálogo con el universo radial, pinta entero a un profesional que ha transitado el medio en todas sus aristas: atento oyente en su infancia y juventud, más tarde analista periodístico e historiador a fondo, agudo columnista y responsable del armado de programaciones.
La radio es para él una presencia constante. Para conversar sobre ella, nos reunimos en el Espacio Encuentro con Carlos Ulanovsky: reconocido periodista, escritor, docente e historiador argentino.
Premiado y valorado, fue integrante de las redacciones de La Opinión, Clarín, Página/12 y La Nación Revista. Entre 2003 y 2006, fue director de las radios porteñas AM 1110 y FM 2×4. Fue uno de los fundadores y profesores del Taller Escuela Agencia (TEA) y participó en la apertura de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Es autor y coautor de cerca de 30 libros, muchos de ellos considerados textos nodales para comprender la evolución de los medios de comunicación argentinos. Puntualmente, sobre la historia del espacio radiofónico, publicó Días de radio. Historia de los medios de comunicación en la Argentina (junto a Marta Merkin, Juan José Panno y Gabriela Tijman), Siempre los escucho. Retrato de la radio argentina en el umbral del siglo XXI y Radio Nacional: voces de la historia. También escribió la historia de una señal emblemática en Radio Belgrano y 36.500 días de radio, lanzado cuando el medio festejó su primer siglo. Además, hace semanas presentó un nuevo trabajo sobre la actividad.
En la actualidad, conduce todos los sábados de 9 a 11 Dos dinosaurios vivos en Radio Provincia, junto a Hugo Paredero, y colabora en espacios independientes como Tiempo Argentino y la revista Mu.

Aquí compartimos los tramos centrales de la charla, ítems concretos en los que pone luz sobre su pasión:
Una mirada a la actualidad
“Todo el periodismo está muy precarizado y la radio lo sufre especialmente. Una de las consecuencias es que terminó algo que era fundamental: la reunión de producción. En un ciclo que va de 9 a 12, por ejemplo, quien conduce llega tres minutos antes y la producción le tiene preparados seis sonidos —ni siquiera notas, solo seis sonidos que robaron de algún lado—. Con eso, más dos notas, se hace un programa.”
“Impera el modelo del magazine, ese género que tiene un sol -que es el conducto- del cual se desprenden satélites: el especialista en política, la locutora, el humorista, el que antes era de espectáculos y ahora es de chismes, el de deportes. Así, desde las seis de la mañana hasta las once de la noche, los programas son un largo magazine. Se van copiando unos a otros. El programa importante de la tarde tira cosas que uno ya escuchó en la primera o segunda mañana de esa misma emisora. Eso debilitó mucho la potencia de la radio.”
“Igual, el medio tiene características únicas. En los últimos 50 años le sentenciaron la muerte a cada paso y no pasó. Creo que seguirá, pero hoy sufre especialmente la transición de lo analógico hacia lo digital. Hay una digitalización de hecho. Aunque hay que decir que la radio se ha arreglado bastante bien en este contexto de avasallamiento tecnológico.”

¿Capacidad para generar contenidos y agenda?
“Ya no tanto. Es que se apagó el diario en papel también. Los diarios tenían como fuente a las radios y las primicias de los ciclos principales, casi siempre de la primera o segunda mañana. La tele también le robaba a la radio.”
La mutación de los proyectos
“Desaparecieron en los medios los empresarios de carne y hueso, con nombre y apellido; los buenos. Hace 30 años te llamaban Romay, Timerman o García. Con ellos se concretaba todo: desde lo que ibas a hacer hasta cuánto ibas a ganar. Ahora no es así. Vas a cualquier radio —y me consta porque lo he sufrido— y, además de no saber nunca quién es el interlocutor final, te dicen: ‘No hay plata’. Luego, al instante, te preguntan: ‘¿Tiene anunciantes?’. ‘No, no tengo’, contesto yo, ‘esa materia no la di’.”
“Es verdad que hay nuevas formas en el medio. Son modas que vienen, pasan y se apagan. Hace tres años eran los podcasts. Bueno, el podcast es radio pura: alguien que le habla a un micrófono con algo para decir. La gran moda ahora es el streaming, que es una radio con cámara. Yo critiqué mucho eso, pero cuando trabajé en El Destape tuve que aceptarlo. ¡Había seis cámaras remotas en el estudio! Me dijeron: ‘Hacé de cuenta que no están’. Al final me acostumbré.”
AM y FM
“La llegada de las señales de Frecuencia Modulada introdujo una variante en su momento, casi siempre sostenida en la música. Hoy, las radios de AM y las de FM son muy parecidas, salvo algunas FM que todavía pasan música las 24 horas. Ahora todo el sistema está rendido a la actualidad. Un caso policial o un tema político ocupan todo el espacio por dos semanas. Se me ocurre que eso tiene que ver con una característica nueva: los estudios tienen tres o cuatro monitores de TV con señales de noticias, y muchas de las notas radiales del momento se sacan al instante de ahí. Los productores están muy atentos a las pantallas, tanto en AM como en FM.”

La pérdida de la “Radio de autor”
“Hay una desaparición de lo que llamo ‘radio de autor’. Era lo que hacía Hugo Guerrero Marthineitz. El Negro era alguien que se daba sus gustos. Nadie le había pedido que leyera un libro completo al aire o que pasara dos horas de canciones de José Larralde. Era parte de su compromiso propio, de su impronta. Hay pocos ahora; Alejandro Dolina, acaso, sea el último. Hace lo que le gusta, lo que quiere hacer. Su ciclo no tiene un minuto de actualidad. Y pensemos que reinventó hace años un horario que tradicionalmente se decía que era solo para los camioneros: la madrugada.”
Las épocas de oro y los formatos
“La radio tuvo muchas épocas. La era de oro fue desde el nacimiento de El Mundo en 1935 hasta el 60, cuando llegó la TV privada e inició otra etapa. ‘La radio se muere’, se decía en ese momento. En esa época todo cambió, no solo la ficción. En los tiempos de oro la radio era artística, las 24 horas en vivo. Los programas de tres o cuatro horas no existían.
Radio El Mundo tenía de 19:30 a 20:30 una hora con cuatro programas de lujo. A las 19:30 estaba ¡Qué pareja! (conocida popularmente como ¡Qué pareja Rinsoberbia!), con Blanquita Santos y Héctor Maselli; a las 19:45, la big band de la emisora; a las 20:00, el Glostora Tango Club y quince minutos más tarde… ¡Los Pérez García!.
En los sesenta empezó a tallar el modelo de Radio Rivadavia, con el Rotativo del Aire, noticieros cada 30 minutos y los móviles. Y Fontana, claro, y Carrizo, Larrea, Antonio Carrizo, Hugo Guerrero y el Gordo Muñoz. Ese modelo es el que todavía continúa; en el fondo no cambió.
Más tarde llegó la generación de los jóvenes que irrumpieron en los años ochenta, como todos los de la Rock & Pop (Pergolini, Mir, Vernaci), que hoy son grandes pero siguen vigentes. Luego hay una generación que llegó después, la de María O’Donnell, Ernesto Tenembaum o Alejandro Bercovich.
¿Si los oyentes siguen a radios específicas o a comunicadores? Hoy la gente sigue a emisoras o a periodistas que certifican sus certezas, sus propias opiniones. Cuando esas certezas son contrariadas, la gente se enoja mucho. Los medios sufren eso: están seguidos por una especie de barras bravas.”

pioneros del periodismo humorístico y de autor en Argentina.
El oficio de escribir en el aire
“Lo autoral, lo artístico y lo artesanal están en crisis. El conductor o la conductora de un programa de 9 a 12 llega un minuto antes y se va dos minutos después. No hay postproducción ni intercambio. Se terminó aquello de sentarse después del aire y decir: ‘Che, ¿cómo estuvo?’. Recuerdo que cuando hacíamos El Ventilador era muy divertido hablar de lo que habíamos hecho hace un rato; era útil y necesario porque salían ideas todo el tiempo.”
“Yo creo que hoy se improvisa un 90%, pero al aire sale aceptable. Se acabó la escritura. Una vez al año, apenas, algunos hacen separadores y con eso tiran toda la temporada. Una pena. La radio argentina es muy improvisada pero, repito, no sale mal. Los conductores y columnistas vienen con lo puesto un instante antes de arrancar.”
“Tuve durante 25 años un programa, Reunión Cumbre, donde tratábamos temas de cultura con cuatro invitados distintos. Yo escribía el esquema de punta a punta, una gimnasia que me sirvió, por ejemplo, para mi labor en Argentores. Hoy se escribe poco. El libretista de radio es un oficio que se perdió.”
“No hubiera podido escribir Días de Radio de no haber sido oyente desde los cinco años. A esa edad, mi mamá escuchaba un programa en Radio del Pueblo mientras ordenaba la cena: era Entre tangos y boleros, un ciclo simplísimo. Esa banda musical todavía me acompaña. Mi casa no era una casa de libros, pero sí de radio. Mi viejo volvía un rato a almorzar —en esa época los padres volvían a sus casas a comer— y escuchábamos El Relámpago en El Mundo, y también los domingos de Federal o La Revista Dislocada. Esa fue mi formación. A cada entrevistado que veíamos para el libro le pedíamos un sonido, testimonios de aquel tiempo. Recuerdo que Quique Pezoa nos regaló varios casetes que tenían cosas increíbles, y yo los escuchaba y decía: ‘Sí, yo a esto lo escuché de chico’.
“Vuelvo al tema de los empresarios. Hoy, el que toma una radio —y hay veinte ejemplos de esto— lo hace no por amor al medio, sino por amor al poder y a los negocios. Es lamentable que se haya perdido la figura de profesionales como Alberto Veiga, quien fue tal vez el último gerente artístico que manejaba el concepto total de una radio. Tenía concepto. Es horrible el loteo de espacios. Las radios antes te ofrecían un sueldo, alto o bajo. Hoy hay mucha gente que trabaja gratis y que llega a un espacio solo porque tiene algunos anunciantes.”

“¿El futuro? Va a seguir. Y creo que va a ser todavía de mayor actualidad. Y la TV de aire también, no solo las señales de noticias.”
“Me interesa el tema de la radio pública. Las radios públicas deberían tener un rol de emisoras de vanguardia. Es una pena, pero hoy son exactamente iguales a las comerciales: un magazine detrás de otro. Radio Nacional debería ser un espacio que le diera lugar a los experimentadores, y Radio de la Ciudad lo mismo.”
L.C.
