ENTREVISTA A LA ESCRITORA ANA MARÍA SHUA
De la literatura al guion cinematográfico
Recientemente distinguida como “Personalidad destacada de la cultura porteña” por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Ana María Shua, además de ser autora de libros imprescindibles para la literatura argentina contemporánea, también abordó la escritura de guiones para cine. En diálogo con nuestra revista, Ana María Shua nos cuenta sobre su experiencia de lo que fue adaptar una obra de su autoría y proyectos en los que participó como guionista.
Ana María Shua comenzó a publicar a los dieciséis años, con su libro de poemas El sol y yo, por el que recibió un pequeño premio del Fondo Nacional de las Artes y la Faja de Honor de la SADE. Al año siguiente terminó la educación secundaria en el Colegio Nacional de Buenos Aires e ingresó en la Universidad de Buenos Aires, donde en 1973 obtuvo el título de Profesora en Letras. En 1980 ganó el premio de la editorial Losada con su primera novela Soy paciente. Al año siguiente apareció su primer libro de cuentos Los días de pesca. En 1984 tuvo su primer éxito de ventas con Los amores de Laurita, y en ese mismo año pudo publicar La sueñera (microrrelatos), que había empezado a escribir diez años antes. PublicÓ los libros de microrrelatos Casa de Geishas, Botánica del caos, Temporada de fantasmas, Cazadores de letras (que reúne los otros cuatro), Fenómenos de circo y La guerra, ambos publicados simultáneamente en Madrid y en Buenos Aires.

En 1994 obtuvo la beca Guggenheim para escribir su novela El libro de los recuerdos, que trata acerca de una familia judía en la Argentina. En sus comienzos trabajó como periodista, publicista y guionista de cine, adaptando algunas de sus novelas, como Los amores de Laurita, que fue llevada al cine en 1986 por Antonio Ottone y Soy paciente, un proyecto del director Rodolfo Corral que se filmó pero nunca llegó a estrenarse. Es coautora del guion de la película ¿Dónde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar? (1992), de Juan José Jusid. Su novela La muerte como efecto secundario (1997) integró la lista de las cien mejores novelas publicadas en lengua española en los últimos veinticinco años, definida en el Congreso de la Lengua Española en Cartagena en 2007.También en el 2007 se publicó su novela El peso de la tentación, que trata acerca de un grupo de pacientes obesos internados en una suerte de extraña clínica de rehabilitación. En 2009 se publicaron sus cuentos reunidos con el título de Que tengas una vida interesante. Su libro Contra el tiempo es una selección de sus cuentos publicada en Madrid con prólogo y entrevista de Samanta Schweblin. En 2016 apareció su última novela, Hija. Y un jurado de España, México y Argentina le otorgó el I Premio Iberoamericano Juan José Arreola de Minificción. Se publicaron en 2017 sus primeros cinco libros de microrrelatos reunidos: Todos los universos posibles. En 2019 apareció, en el mismo género, La guerra. En 2022 se publicó el libro de cuentos Sirena de río, en 2024 los poemas de No son haikus y en 2025 el libro de cuentos de temas médicos El cuerpo roto.
Ana María Shua escribe también literatura infantil, publicada en todo el ámbito de la lengua española y en otros idiomas. Por sus obras dedicadas a los niños ha recibido varios galardones internacionales. Es miembro de la ANLE (Academia Norteamericana de la Lengua Española) y Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuyo. Parte de su obra ha sido traducida a diez y seis idiomas. Sus cuentos y microrrelatos figuran en antologías de todo el mundo
¿Qué recordás tu primera experiencia como guionista?
Yo aprendí a escribir guion Antonio Ottone. En el año 84 salió Los amores de Laurita y en el año 86 se filmó. Por alguna razón, cuando comencé a escribir guion estaba tan obsesionada con seguir el hijo del relato que me olvidaba de algo elemental que sí tenía en cuenta cuando escribía una novela y es lo siguiente: no se trata solo de contar toda la historia desde el principio hasta el final sino que cada secuencia tiene que tener sentido, despertar el interés, la curiosidad del espectador y un cierto grado de suspenso. Esto que a mí naturalmente se me daba en la escritura narrativa, lo tuve que volver a aprender. Por otra parte, cuando comencé a trabajar con diálogo, yo llevaba quince años de trabajar en guiones publicitarios. Tenía una gran experiencia de algo muy distinto, en treinta segundos que tiene un guion publicitario no hay tiempo de desarrollar un personaje y todo tiene que ser obvio. Cuando me sentaba a escribir el guion de la película, los diálogos llevaban inmediatamente a que se entendiera lo que estaba sucediendo en esa situación. Y no era necesario. Y fue Antonio Ottone quien me hizo notar dónde estaba el problema y yo le agradezco mucho porque con él sentí que aprendía un oficio nuevo.

Es interesante esto que decís, porque en tu narrativa no hay mucho diálogo directo.
Sí, es verdad. A mí nunca me gustó mucho trabajar con el diálogo. En mis libros prefiero contar de qué se habló, quizá porque siento que me cuesta definir un personaje a partir de su forma de hablar. En el caso del guion de Los amores de Laurita a mí me sirvió esa experiencia por muchas razones. Por un lado para aprender, como te dije antes, y también me dio dinero. Curiosamente, hasta el día de hoy se proyecta la película y a través de Argentores yo cobro un puchito.
En relación a la experiencia de escribir guiones, ¿qué diferencias encontrás con la literatura?
Es muy distinto porque cuando se escribe literatura una es dueña absoluta de su obra, tiene derecho a todo. En el caso de la o el guionista es un engranaje de una maquinaria que va a terminar en un resultado que le pertenece al director o directora. Es muy interesante la experiencia del guion porque estamos acostumbrados a pensar que no tiene ningún sentido separar la forma del contenido, que en realidad forma y contenido sirven para analizar algunas cuestiones muy precisas y no existen como entidades diferentes. Sin embargo, cuando escribimos un guion, la forma de eso se lo va a dar quien dirija. Desde el guion se plantea una estructura posible, pero los recursos de la narrativa le corresponden a la directora o el director en el sentido de que va a decir si va a trabajar, por ejemplo, con frases largas o cortas, también va a elegir cuáles son los elementos que va a utilizar para contar lo que desde el guion estamos proponiendo.

y Los Amores de Laurita, con Daniel Fanego y Alicia Zanca
¿Cuáles son las primeras diferencias que hay entre lo que se escribe y lo que luego se ve en la pantalla?
En el caso de Los amores de Laurita, yo participé en todas las instancias de la producción, eso me quitó distancia. Sólo en el momento en que me senté a ver la película me di cuenta de que no era todo lo que yo hubiera querido. Sin embargo, la volví a ver hace muy poco tiempo, y me di cuenta de que se sostiene dentro de su costumbrismo, en el sentido de que es una historia que sucede en los años 60´ con una mirada desde los 80´. Esa novela tiene que ver con mi historia literaria. Mi novela anterior fue Soy paciente, que ganó el premio Losada. En esa época llamó la atención que una mujer escribiera una historia en primera persona desde la perspectiva de un hombre y yo estaba un poco irritada por eso porque eso ya había sucedido millones de veces en la historia de la literatura y la dramaturgia. ¿Acaso Shakesperare no escribió los diálogos de Ofelia? Entonces me propuse que mi próximo libro fuera algo muy diferente. Una historia muy femenina contada en tercera persona. Todavía hay lectores y lectoras que, al comentario el libro, siguen relacionando a la autora con el personaje. Además de creer que está escrita en primera persona, piensan que se trata de mi propia vida. Pero no es así.
En relación a otras obras tuyas, pienso ahora en los microrrelatos; suele decirse que sos una pionera en ese género narrativo.
Nunca me sentí una pionera, simplemente estaba siguiendo una vieja tradición de la literatura argentina, pensá que todos nuestros grandes maestros del cuento escribieron microrelatos: Jorge Luís Borges, Isidoro Blastein, Julio Cortázar, Adolfo Bioy Casares, Marco Denevi… y podría seguir. Ahora, cuando empecé a ir a editoriales con los microrelatos ahí me di cuenta de que no había ninguna tradición. Te voy a contar algo, yo escribí Soy paciente después de recorrer un montón de editoriales con mi libro de cuentos debajo del brazo, me refiero a Los días de pesca y nadie lo quería justamente porque eran cuentos. Todos me pedían una novela. En esa época no me preocupó porque tenía tiempo, era joven y además trabajaba como redactora creativa en publicidad, un trabajo que me gustaba mucho por otra parte. Por supuesto que estaba ansiosa por publicar, pero no hay que olvidarse de que era la época de la dictadura.
Los microrrelatos de Fenómeno de circo fueron adaptados al teatro.
La verdad es que fue algo bellísimo lo que hizo el director Gerardo Hochman con Fenómeno de circo. Ahí sí que me sentí representada, y no hice nada. Hochman hizo todo, pero realmente me sentí presente porque entendió mi obra y lo supo representar, no se quedó con mis palabras, te diría que fue mucho más allá, encontró otro lenguaje y es algo que nunca hubiera podido hacer. El espectáculo se llamó Fenómenos y palabras. Me dio una gran alegría, realmente.

por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Hablamos hace un ratito de tu primera experiencia escribiendo guion, ¿cómo continuó después ese trabajo?
El proyecto que logró realizarse realmente fue el de Juan José Jusid, ¿Dónde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar?, pero en el medio hubo un montón de trabajos y experiencias con varios directores porque así es el cine, quiero decir que de mil proyectos sale medio. Por ejemplo, trabajé muchos meses con Carlos Sorín, que quería salir de La película del Rey y hacer algo muy diferente en la Patagonia y hacer cine dentro del cine. Después de trabajar con varios escritores, entre ellos Ricardo Piglia, me contrató a mí, estuve trabajando muchos meses con Sorín pero no logramos alcanzar la meta. Recién muchos años después, una vez que cambiaron ciertas características del cine argentino, Carlos Sorín pudo hacer sus Historias mínimas. Aprendí un montón con Sorín, es una persona muy creativa. En relación a ¿Dónde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar, al momento de trabajar juntos, Jusid ya tenía una idea y también un guion al que le faltaba elaboración para que estuviera a la altura de lo que él quería. Trabajar sobre el texto de otro autor me resultó muy placentero y aprendí un montón. Es una hermosa película que tuvo muchos reconocimientos, entre ellos fue premiado por Argentores.
SB
