HUGO DI GUGLIELMO, EN UNA CHARLA IMPERDIBLE SOBRE LA TEVÉ
“El contenido siempre va a ser el rey”
Tras una etapa en la publicidad y un paso por la dirección de contenidos de Radio Mitre, Hugo Di Guglielmo asumió a comienzos de los noventa la Dirección Artística de Canal 13, justo cuando el Grupo Clarín desembarcaba en la emisora. Venía de ordenar la programación de la radio y de profesionalizar su producción y se enfrentaba, ahora, a un desafío mayor: reencauzar un canal con fuerte tradición familiar y de clase media, pero desdibujado tras años de intervenciones estatales, desorganización interna y “quintas” impenetrables.
Entre 1990 y 2001, su gestión fue decisiva. Di Guglielmo abrió el canal a productoras independientes, alentó a guionistas y directores y construyó un estilo reconocible, observable en los programas, en las promociones, etc. Un cambio reconocible e inicial fue la modificación del logo del canal, pasando de las tabletas al actual “solcito”. Eso fue encargado a una empresa de Estados Unidos y lo eligió el mismo Di Guglielmo, quien fue secundado por el recordado Walter Sequeira en la creación y posterior implementación.

También formó equipos estables y profesionalizó la producción televisiva, creando un modelo de trabajo que redefinió la televisión argentina. Fue una etapa de altísima competencia con Telefé, que también se modernizaba a toda velocidad. De aquellos años quedaron títulos emblemáticos como Peor es nada, Poliladron, Vulnerables, Los machos, La banda del Golden Rocket, Zona de riesgo, Sorpresa y media, Nano, Fax, El agujerito sin fin o El día del milenio, entre muchos otros.
El encuentro con él fue un mediodía, en un café frente a su casa, a metros de la Biblioteca Nacional. Di Guglielmo recuerda una frase suya, dicha recientemente en una entrevista: “Cada vez estoy más convencido de que en los años noventa se vivió la última época dorada de la televisión argentina.” Y amplía su concepto: “Había plata, fue un tiempo de transformación. Nosotros y Telefé nos modernizamos después de las privatizaciones. La tecnología ayudó, y la aparición de las productoras independientes generó mucho trabajo. Se exportaba, había ficción, shows, formatos novedosos.”
Sobre el presente, reflexiona: “Todos se quejan: ‘no se hace ficción’. Sí se hace, incluso de calidad superior a la de los noventa, pero se hace en otro lado. Hay que entender que este medio siempre está en transición. Cuando llegué al 13 todo se hacía adentro; después aparecieron las productoras externas, luego la exportación, y hoy estamos en la era de las coproducciones y el streaming. En la tevé de aire casi no se ve, pero en el streaming hay movimiento de gran nivel. El Eternauta es un ejemplo. Hoy la televisión está en todos lados, incluso en la mano. ¡Si te animás, podés producir vos mismo!”
Aclara, sin embargo, que hay una diferencia crucial: “Esto nuevo es muy atractivo, pero hay una gran diferencia profesional entre la televisión bien producida y lo que hace, por ejemplo, un influencer. Será divertido, pero no es lo mismo. La tele sigue siendo una fábrica de talento. Los que enriquezcan el medio son los que van a quedar.”

Es oportuno recordar que su llegada al 13 estuvo apadrinada por José Ignacio Vaillant, histórico colaborador de Goar Mestre y asesor de Radio Mitre. “Aprendí mucho de él, nos respetábamos. Le ofrecieron el cargo a él y no quiso, pero propuso mi nombre. Eso fue un gran respaldo. El canal estaba muy desorganizado y había que pasar de lo estatal a lo privado. ”Esa transición no fue fácil. “Radio y televisión son mundos distintos. En la radio todo es inmediato; si algo fallaba, bajabas un piso y lo resolvías. En la tele, el 90% estaba preproducido. Llevaba tiempo. Pero, en ambos casos, el hilo conductor era el mismo: el feeling con el público.” Recuerda que al llegar “cada uno tenía su quinta” y “mucho personal que no se sabía qué hacía”. “Tardamos un año en saber cuánto costaba un programa. Todo estaba en cuadernos. No había control. Guinzburg se quejaba, el director no lo entendía, el productor no cumplía. No se entendía nada.”
El cambio se dio cuando Peor es nada empezó a funcionar, y luego La banda del Golden Rocket confirmaron el rumbo. “Ahí sentí que era por acá. Empezamos a tomar riesgos y a acertar. Fue prueba y error, hasta pegarla. ”Para Di Guglielmo, lo más difícil de su función era -y es- ser el nexo entre el mundo artístico y el financiero. “Para muchos, los de programación somos los que gastamos. Los demás tienen que cuidar la plata. Hay un choque, pero si armás buenos equipos y hay armonía, todo converge en algo esencial: el estilo del canal. A los tres años ya sabíamos qué tipo de figuras, programas e inversión queríamos.”
Ese estilo, dice, se inspiraba en la vieja escuela de Mestre, pero aggiornado: “Un canal popular, de clase media hacia arriba, muy prolijo, preocupado por la calidad y la innovación. ”Y, enfático, cita al propio Mestre: “Un canal de televisión es lo que pone en el aire. Pero, sobre todo, es lo que no pone en el aire. ”En esa línea, Di Guglielmo impulsó la tercerización de ficciones y dio origen a la sociedad con Pol-ka.“Con Poliladron empezó una nueva era. Pol-ka trajo un estilo moderno, con exteriores, ritmo y una manera distinta de contar.” Ese modelo lo había observado en un viaje a Estados Unidos: “Los canales allá tenían solo oficinas, un estudio para el noticiero, otro para un magazine, y todo lo demás tercerizado. El programador funcionaba como curador, marcando las líneas de contenido y estética. Ese sistema te da opciones.”
También resalta el valor de los equipos autorales. “Aprendí de Maestro y Vainman la importancia de los grupos de guionistas. Antes, Santa Cruz o Migré escribían solos. Jorge y Sergio formaron equipos, capacitaron gente joven. Eso generó una cadena eficaz.” Cita a Gustavo Bermúdez como un actor que aportaba ideas: “Tenía claro que la telenovela debía ir más allá del culebrón clásico. ”Sobre la competencia con Telefé, recuerda: “Fue muy buena y dura. Cada uno fue encontrando su camino. Ellos apuntaban más a los chicos, eran más ‘pum para arriba’. Nosotros, instalados en la clase media, tomábamos más riesgos. ”Una gran tarea del programador, subraya, es conocer a su público. “Cuando lo lográs, es cuando ya sabés qué come, cómo se viste, qué le preocupa. Hay artistas que ni se ofrecían al canal porque sabían que no encajaban. Cuando se llega a eso, el canal tiene destino firme.”


¿Qué diría si en los noventa alguien le hubiera anticipado el panorama actual? “No me lo hubiera imaginado. Los cambios fueron demasiados. En los noventa no había celulares ni internet. Es otro mundo.” Sobre la televisión generalista, opina: “Debe seguir siéndolo. El cable se especializó en los noventa y se llevó parte del contenido clásico, pero ser generalista no significa no tener un perfil. ”Hoy ve al 13 “algo desdibujado” y asegura que el ciclo de Mario Pergolini “es el mejor de toda la televisión”. Consume poca radio -“Solo mientras manejo”- y se interesa por Urbana Play, aunque admite que el mundo del streaming “no lo termina de entender”: “Lo veo, me asomo, pero hay mucha pavada entretenida.”
Antes de despedirse, Di Guglielmo deja una reflexión final que resume toda su carrera y su manera de mirar el medio: “Nos pasamos la vida hablando de los cambios tecnológicos en la tele, en la radio, en el streaming, pero lo que permanece es el contenido. Y el contenido son los autores. El contenido siempre va a ser el rey.”
Leonardo Coire
