HISTORIAS DE ARTISTAS Y AUTORES EN DIFICULTADES

Hambre, pudor y lágrimas

“¡Mamá! ¡Mamá! ¡Guardá las gallinas que vienen los artistas!”

(“La cabalgata del circo”, película de 1945.)

La expresión “trabajar por amor al arte” remite al hecho de realizar una labor como entretenimiento, sin esperar a cambio ningún tipo de remuneración. Nace de la absurda convicción de que los “artistas”, cualquiera que sea su actividad, son tan generosos, tan esclavos de su vocación, tan etéreos que pueden vivir del aire (otra metáfora, otro sarcasmo), capaces de crear lo suyo a cambio de la nada misma.Desde los albores de sus profesiones, y salvando las excepciones, autores, actores y artistas en general conocieron penurias y escaseces impuestas por las reglas del juego social y empresarial.

Cuando a mediados del siglo XIX en nuestra tierra los artistas no pudieron sostenerse, se vieron obligados a buscar temporalmente otros medios de subsistencia; pongamos por ejemplo al brillante y aplaudido actor Juan Aurelio Casacuberta, quien debió volver al bordado “para procurarse las necesidades de la vida”.[1] El actor, separado de su familia, sufría de soledad y a veces de hambre. [2]

Los deudos arrastraban como herencia las mismas necesidades y penurias que las que el artista había padecido en vida. La mayoría de las veces dependían, para subsistir, de la caridad de los antiguos compañeros de escena a quienes, con los pudores del caso, agradecían entre lágrimas. Como referencia, traigamos el recuerdo de la función a beneficio de la familia -carente de recursos- del músico Antonio Reynoso, creador de numerosos éxitos para la escena nacional fallecido 8 años antes. Se llevó a cabo el 25 de junio de 1920 en el Teatro Argentino y contó con la participación de Lola Membrives, de una murga y de un pericón bailado por Olinda Bozán, Pierina Dealessi, Lea Conti y autores como Bayón Herrera, Alberto Novión y Manuel Romero, entre otros.[3]

Unos años después, en 1928, el teatro se queja de que el cine le quita público. Una obra lo muestra a través de la miseria de un actor que, desocupado, se ve obligado a trabajar de hombre-sandwich anunciando una película de Chaplin. Pero en Buenos Aires, apenas nacido el siglo XX, preclaros autores ya se han percatado de la injusta realidad imperante. Se reúnen en casa del dramaturgo Enrique García Velloso y forman la Sociedad de Artistas Líricos y Dramáticos, con el fin de reglamentar el cobro de derechos, formar un archivo de obras y ayudar a músicos y escritores imposibilitados de trabajar. Faltaba mucho aún para que se pudiera hablar de jubilaciones o pensiones, por lo que, al llegar a la inactividad laboral por causa de edad avanzada, enfermedad o incapacidad, los creadores y creadoras quedaban absolutamente desamparados sin que oficialmente nadie acudiera a salvarlos de su indefensión.

Acta Fundación de Argentores

En 1907, nuevamente por iniciativa de García Velloso, se crea la Sociedad de Autores Dramáticos y Líricos; en febrero de 1908 se organiza la primera huelga de autores que fracasa porque los empresarios se niegan a las negociaciones colectivas[4]. La Sociedad se desactiva. Insistidor como pocos, Enrique García Velloso una vez más invita a dramaturgos a su domicilio y allí, el 11 de septiembre de 1910 se funda la Sociedad Argentina de Autores Dramáticos, posteriormente nombrada como ARGENTORES, Sociedad General de Autores de la Argentina. Su principal propósito continúa siendo que los autores reciban un pago justo por el uso de sus obras, más la creación de un fondo de socorro en beneficio de los socios necesitados y una Caja de pensiones de retiro.

Desde su fundación, la Sociedad trabaja activamente para lograr el cobro de derechos de autor, y el 30 de julio de 1911 intima a las empresas a entregar una respuesta al respecto, en un plazo de 24 horas. La Sociedad de Empresarios no acepta las condiciones y los autores rompen relaciones con todos los teatros prohibiendo representar sus obras. Autores y público salen en manifestación: fueron dos jornadas de violencia, discursos, barricadas en teatros, heridos, contusos y presos, según se documenta en los boletines de la Sociedad. Menos de dos semanas después se llega a un acuerdo histórico: el 12 de agosto de 1911 los empresarios aceptan firmar un convenio reconociendo el 15% de derecho autoral para el estreno y el 10% para las representaciones subsiguientes.

1920: Nace la radio

La revista Comoedia en su número 53 del 1° de septiembre de 1929 asegura: “es visible el interés que comienzan a tener nuestras broadcastings por la transmisión de obras (…) lo que revela que las transmisiones teatrales por radio comienzan a ser una actividad permanente”. No mentía: para entonces ya varias radios tienen elencos estables y los espacios para la ficción comienzan a ser fijos. En ese mismo año se emite Búffalo Bill en episodios diarios y Radio Prieto organiza un concurso de obras para ser transmitidas ¡con premio en efectivo!; paralelamente se reglamenta el cobro de los derechos en radio y la obligación de mencionar a los autores, hasta entonces desprotegidos. Se asienta en el éter el bendito derecho moral, tan esquivo aún en nuestros días…

Para 1930, el radioteatro se encuentra ya bien diferenciado en Buenos Aires. Los inicios, sin embargo, están llenos de tropiezos y dificultades, sobre todo en lo concerniente a remuneraciones. Entre 1930 y 1933, en Radio Municipal se pagan 30 pesos a las figuras de primer nivel, mientras que otros artistas, en busca de cartel, trabajan gratuitamente a cambio de que se los nombre durante el transcurso de la audición. En un principio, la paga por la actuación del conjunto consiste en la comida, que se prepara en la misma radio. Como retribución, en Radio El Pueblo se sirve café con leche a todos los artistas que participan en las audiciones. [5] Y alguien que sobrevivía también a fuerza de té con leche y medialunas cuando dejó su casa en los suburbios y se fue a vivir al centro fue la actriz Rudiel Wilde: “Mientras lograba un papel como ‘damita joven’ en el teatro National, lavaba por la noche la única bombacha que tenía y la colgaba de una ventanita para que se secara. Era 1939 y yo sólo soñaba con ser una gran actriz, por eso me sacrificaba con gusto”.

Radio Splendid

Los locutores como Santos Landa, voz de Radio Rivadavia en los años ’30, según cita de Carlos Ulanovsky, también se quejan del prolongado horario de labor y de que carecen de una justa remuneración.

Sin aumento de sueldo y con amenazas

En 1931, el conjunto llamado Chispazos de Tradición, dirigido por José Andrés González Pulido, a las 18.30 y por LOY Radio Nacional, insiste con mejor suerte en una temática ya probada por su antecesor, Chispazos de Gloria. Su éxito fue tal, que la revista Antena tuvo que dedicarle una página, titulada Correo de Chispazos, en la que el autor y los integrantes del elenco recibían las muestras de afecto popular. Un día, motivado por el éxito del programa, el elenco solicitó un aumento de cachet, amenazando con no presentarse al día siguiente si no le era otorgado. González Pulido consultó con el multifacético Pablo Osvaldo Valle, y la respuesta fue terminante: “Hacé que en este capítulo todos los personajes se suban a una carreta, que vayan cantando, como en un final bien arriba. Se cruza un caballo y la carreta cae por un barranco. Y ahí terminás el capítulo. Después hablás con el elenco y les decís que el que quiera seguir viviendo, que se baje de la carreta. Los que arreglen seguir, se bajan; los que no, caerán al precipicio”.

No muy lejos de estas poco simpáticas estrategias de coerción, el mismo González Pulido, cada vez que dejaba de gustarle un actor, mataba a su personaje. Por eso siempre solía haber alguno que sorpresivamente se volvía el gaucho ladino y resultaba muerto en su ley o debía ausentarse sin previo aviso (Oscar Ugarte discutió fuertemente: enseguida supo que su personaje había debido dejar la estancia -y el radioteatro- para viajar “súbitamente” a Buenos Aires).

Finalmente, el mismo González Pulido no escapará al sino del que habla esta nota: a pesar del éxito de sus obras teatrales y radiofónicas, morirá de tuberculosis, solo y pobre, en algún lugar de las sierras de Córdoba, en 1936.

La unión hace la fuerza

En el diario La Prensa en su edición del domingo 5 de septiembre de 1943, en página 14 y bajo el título “Radiotelefonía” aparece una noticia que cuenta que acaba de constituirse la Asociación Gente de Radioteatro, una entidad de carácter gremial, que se propone “difundir conocimientos y sugestiones destinadas a elevar la práctica del radioteatro, a la vez que organizar las condiciones y relaciones de trabajo a que deberán ajustarse los intérpretes de esa actividad en las broadcastings”.

En la asamblea fueron elegidos Manuel Ferradás Campos, presidente; José Paonessa, vicepresidente; secretario y subsecretario, respectivamente, Ernesto Bustamante y Sergio Montes. Nisha Orayen, tesorera y Julia de Alba, protesorera. Por su parte, Lucía Barausse, Emma Bernal, Enrique Sáenz y Horacio Torrado fueron designados vocales. El 19 de mayo de 1944 el gobierno resuelve reconocer a la Asociación Radial Argentina como representativa del gremio de los trabajadores de la radio, siendo su presidente la Srta. Evita Duarte. A.R.A había sido fundada en 1943.

En octubre de 1944 varios gremios decidieron hacer una presentación conjunta al Coronel Perón y se entrevistaron con él en el Ministerio de Guerra. Allí mismo empezó a germinar la idea de constituir lo que se terminó denominando Federación Argentina del Espectáculo Público, una entidad que se propuso como objetivo unir y coordinar a todos los gremios. Diversas comitivas con delegados de las distintas entidades gremiales formaron esta Federación, como la Asociación Argentina de Actores (AAA), Sociedad General de Autores de la Argentina, Sociedad Argentina de Autores y Compositores, la Sociedad de Empresarios Teatrales, Asociación de Músicos de la Argentina (ADEMA), Asociación del Profesorado Orquestal (APO), Asociación Gente de Radioteatro, Sociedad Argentina de Locutores (SAL), Sociedad Argentina de Técnicos Operadores Radiotelefónicos, Asociación Argentina de Artistas Circenses y de Varietés, Unión de Maquinistas de Teatros, Unión de Electricistas de Teatro, Casa de Descanso del Teatro y Casa del Teatro; las entidades agrupaban a un total de 22.000 afiliados aproximadamente.

La autora Mabel Loisi solía contar que Manuel Ferradás Campos[6]  impulsó una huelga de autores de radioteatro en todo el país. Era la única manera de obligar a las radios a pagar los derechos de autor. “No fue necesario más que anunciar la huelga para que rápidamente giraran los derechos de autor que son nuestro salario. El autor es el obrero de la máquina de escribir, aunque ahora tenga computadora.”[7]

Caras y Cecas en la rueda de la fortuna

“Fue duro -cuenta la autora Mabel Loisi-: yo tenía veinticuatro años cuando ingresé a Argentores. En ese momento la entidad publicaba un boletín mensual donde aparecían las mediciones de rating. Me sentía feliz por los borderós suculentos que recorrían el interior del país con Ante Dios todas son Madres, La novia del cielo y otras obras mías que ya llevaban más de 100 representaciones. Un día en esa institución estaba reunida la Junta Directiva en el primer piso. En la antesala, Armando Discépolo le preguntó a alguien por mí: “Y esa chica ¿quién es?”, porque no había empleadas mujeres en Argentores. Alguien le contestó: “Esta chica escribe radioteatro comercial”. “Ah -dijo-, ésta es la del malón”. Cuando me lo dijeron salté como un resorte, pero Manuel Ferradás Campos me hizo callar. Yo ganaba dinero, pero sentía que no era profesionalmente respetada como autora.

La actriz María Concepción César[8] recordaba: “Yo venía haciendo radioteatro con Armando Discépolo y con grandes actores nacionales. Pero un día Roberto Valenti, que venía de hacer Fachenzo, el maldito, me dice: María Concepción, yo sé que usted es egresada del Conservatorio con el Premio Nacional, yo sé toda su historia, lo que le voy a ofrecer es una obra en Radio del Pueblo, y en tres meses la saco en gira. Usted se va a hacer millonaria. ¿Dónde vive? “En Floresta”, le contesté. ¿Sus padres son dueños? “No, alquilan”, le dije. ¡Correcto! Usted va a tener mucho dinero, querida, se va a poder comprar lo que quiera. Pero eso sí, se tiene que olvidar de todo ese teatro importante que usted quiere, del Cervantes y de sus películas. No me conteste ahora, piénselo. Y lo pensé mucho. Y esa noche lloré mucho también.”

Epílogo esperanzado

Noches de sólo mate cocido y pan, miedo a la vejez y a la necesidad, retribuciones injustas casi bordeando la estafa, caminos inciertos en profesiones que lo dan todo dejando el alma a la intemperie. Hay a veces, en ciertos países y ciertas épocas, amenazas de desguace donde la cultura parece correr riesgo de convertirse en una tierra yerma. Se ve a los artistas agotando sus recursos, replegados en sus casas, necesitados de una ayuda económica tanto como de una palabra amorosa que calme la ansiedad frente a un futuro destemplado.

Se ha logrado avanzar mucho en la protección de los artistas, de las y los autores, pero, aun así, tiempos de emergencia requieren de valentía, de constancia y de unión. Que en unión, constancia y valentía estén las instituciones. Que en eso estemos, todos, todas, siempre, defendiendo el oficio de crear y a sus hacedores, para que ese amor al arte se traduzca en bienestar y respaldo para cada etapa de la vida.

Porque como bien cantaba Enrique Pinti, podrán pasar los años, los censores, los hipócritas, las listas negras y los gobiernos, pero siempre, siempre, quedarán los artistas.

Quedarán los artistas.

María Mercedes Di Benedetto


1. Wilde, José Antonio. Buenos Aires desde 70 años atrás.

2. https://www.tierramedia.com.ar/l/casacuberta-baja-los-seis-escalones/

3. Seibel, Beatriz. Historia del teatro argentino, desde los rituales hasta 1930. Corregidor, 2002.

4. Catena, A; Coire, L. y Viggiani, M. Argentores. Un siglo en defensa del autor. 2010.

5. Carretero Andrés. Vida cotidiana en Buenos Aires 3 (1918-1970), Bs.As., Planeta.

6. Ferradás Campos propuso en 1950 que se llamara “Martín Fierro” -y así se lo llama desde entonces-, al premio que se otorga cada año a los hacedores de radio y televisión.

7. Di Benedetto, María Mercedes. El radioteatro nacional, historia y testimonios. Tiempo Sur, 2008.

8. Di Benedetto, M.M. Historia del radioteatro nacional. Ed. Mariscal, 2020.