A PROPÓSITO DE LOS FORMATOS VERTICALES
Microficciones: una tendencia que llegó para quedarse
Los cambios de paradigma no son de un día para el otro, van siendo. Utilizamos mucho el gerundio en estos tiempos donde todo es tan volátil que no se instala. Flores de un día, mariposas. A mí me gusta enmarcarlas en el concepto Series de Bolsillo, como todo lo pocket que se guarda en el bolsillo, la cartera o la mochila.
Nombrar alivia, hagamos zoom sobre este nuevo formato que empieza presentarse como una fuente de trabajo y un desafío para el vapuleado sector de guionistas de audiovisual. Las series de ficción son un formato friendly, amistoso, para mirar en tu smartphone estés donde estés. Antes ibas a la tele ahora la tele va con vos. Todo cambia. El mundo analógico es finito, pero el digital no tiene techo. A ver, no digo que esta nueva forma de consumir contenido reemplace a lo otro.
No reemplaza, convive. Es como el hijo menor de una familia numerosa, que toma lo que necesita, pero hace lo que quiere sin pedirle permiso a nadie y usando el mismo apellido. Para entendernos mejor voy a intentar definir Series de Bolsillo sin que el concepto se me escurra durante la navegación de esta nota.

Lenguaje propio
No caigamos en la obviedad de porque es corto es simple. Se necesita mucho conocimiento para lograr buenos resultados. Nadie dijo que era fácil. Hay que meter 60 minutos en un minuto. ¿Y cómo se cuenta? Lo explica muy bien el autor Gabriel Patolsky*, que conoce desde adentro el trabajo de escribir los guiones de estos contenidos: “En series verticales se cuenta de otra manera. En telenovela importa la Historia. En la serie vertical, importa más el Placer Inmediato, ya que en la mayoría de las plataformas el usuario paga para desbloquear contenidos y hay que satisfacer eso. Y no sólo basta con el cliffhanger, un recurso narrativo que interrumpe una historia en un momento de máxima tensión o suspenso, dejando el desenlace en el aire para forzar al espectador o lector a consumir la siguiente entrega. Literalmente significa “colgando del acantilado” e indica una situación límite sin resolver. Se trata de un tema estructural de la trama. En la serie vertical, el trabajo del guionista es construir la trama a través de emociones viscerales que apelen a nuestro nivel animal (supervivencia, violencia, miedo, deseo, venganza) y que generen el famoso engagement, el compromiso, el enganche del espectador. Y eso es más importante que construir un arco de transformación en 120 capítulos. Es decir, la recompensa debe ser inmediata y no en 3 meses cuando termine la novela.”
Las series verticales, pensadas para ver en el celular ya son trendy, están de moda en el streaming, donde la improvisación se comió sus propias patas. Y también la cabeza. ¿Por qué cada episodio tiene un minuto o menos? Porque al parecer hemos adquirido la capacidad de concentración de un conejo. Y el manejo de la ansiedad de un colibrí.
Había una vez
La ficción ha muerto, viva la ficción y esos pulgares que antes no servían para casi nada, son ahora jugadores de primera línea. Porque desde los dispositivos, a todo se accede más rápido con “los gorditos”. Los antiguos espectadores mutaron se atomizaron y se volvieron expertos scroleadores de contenidos subidos por otros scroleadores y así, en espiral. Y los contenidos efectistas sin recorrido dramático fueron creando una sensación de falso entretenimiento donde lo que pasa es que no pasa nada. Tal vez por eso, náufragos y sobrevivientes, aferrados cada uno a su dispositivo empezaron a sentir el tedio de un truco reversionado hasta el infinito.
El loop, la secuencia repetida, no llena, al contrario, vacía. Y como la angustia es enemiga del algoritmo, volvió el deseo de querer escuchar un cuento, de contar historias, ficciones con estructura dramática, con personajes, con planteo, desarrollo y climax. Siempre hay alguien que ve las cosas antes de que sucedan. En este caso fueron los chinos.

Gabriel Patolsky: “Los chinos que facturan miles de millones al año entendieron primero las reglas del formato. Entendieron que estas series no compiten con Netflix, sino que compiten con el scroll. Y ganan porque combinan: Velocidad (90 segundos para enganchar), Foco (sin subtramas que distraigan), Teatralidad (actuación fuerte, escenas memorables), Placer sin testigos. En suma: liberación de dopamina inmediata. El espectador está sólo mirando su teléfono. Queriendo consumir pasión en estado puro. Si escribís series verticales con pudor o vergüenza, no tenés un problema de estructura. Tenés un problema de paradigma. La escritura de verticales requiere ingeniería emocional: cada episodio debe ser una recompensa. Cada beat debe avanzar el conflicto sin dilación. Por eso, antes de escribir cada beat, pregúntate: “¿Estoy diluyendo esto porque la escena lo necesita, o porque me da vergüenza ser tan explícito?”. Si es lo segundo: como decimos en Argentina, Meté más carne en el asador.”
Narrativas inmersivas que buscan involucrar al espectador directamente en la acción. Se utiliza muchas veces el POV (punto de vista) del usuario para generar identificación directa. Economía de recursos con pocos elementos escénicos y técnicos. Gancho o Hook inmediato para captar la atención en los primeros 3 segundos.
Hay un relato ahí, un mundito inventado, conflictos, adversarios, amores imposibles, sexo, crímenes, tramas, arcos. ¿Cambia el lenguaje narrativo? Claro que sí. Cambia el cómo, pero no cambia el qué.
¿Y cómo se hacen?
Nos cuenta su propia experiencia Gabriel Patolsky: “Las series verticales funcionan con elenco reducido: 3 protagonistas y entre 3 a 6 secundarios y bolos. La clave es rodaje rápido (3 a 6 días) y bajo presupuesto. Los escenarios varían de acuerdo con la productora y la estética de la producción. Pero, en general, van de 3 a 6 locaciones y algunas producciones te piden usar hasta un número limitado de cambios de vestuario. Una serie de 50 capítulos tiene entre 70 mil a 150 mil dólares de presupuesto. Obviamente, se graba en 9:16 aunque también se usan cámaras horizontales por si el formato se quiere, además, explotar en YouTube.

Los géneros en general son romance y melodrama, los tropos (tópicos) donde hay jerarquías de poder: matrimonio por conveniencia, identidades ocultas, venganza y redención, billonarios, thriller, doble vida, testigo en peligro, personas humilladas, desgraciados que triunfan, herederos perdidos, rivalidad familiar. Es auspicioso porque es un buen formato para experimentar narrativas y géneros por el coste. Ya hay plataformas como VIX que exploran terror, thriller, comedias, etc. Pero hoy, en la mayoría de los casos, su producción está ligada a la monetización.”
La tendencia a nivel actoral y elenco que va mutando a ritmo frenético, hoy por hoy es así: actores/actrices reales: aportan matices interpretativos, empatía genuina y credibilidad física. Esencial para conectar emocionalmente en géneros dramáticos o de suspenso. Y además personajes digitalizados/IA: permiten libertad creativa absoluta, mundos fantásticos o tramas de ciencia ficción sin límites presupuestarios de producción. Ideales para narrativas experimentales o de nicho. Y una narrativa híbrida: la tendencia actual combina ambos, utilizando IA para efectos especiales, retoques o creación de entornos, mientras la actuación central sigue siendo humana.
¿Y dónde está el negocio?
Se ponen a disposición del usuario o potencial cliente los primeros 10 o 15 episodios y entonces, los que quieren avanzar, pagan. O sea, se puede ver una temporada entera en dos o tres viajes en bondi, por ejemplo. Acá gana la cantidad sobre la calidad, no hay debate. Y se juega con el aburrimiento y la ansiedad, las dos caras del escroleador serial. Pica, pica… picó. Mágico. Un cuentito subtitulado y con auriculares, que no se termina en un minuto. Es decir, se termina y no. Te promete más y más dopamina. Te entretiene, te intriga, te hace reír, te enamora. Es como una remake digital de Las mil y una noches. Hay un arco dramático, un relato. Tu realidad paralela, tu burbuja a salvo del mundo, el cuentito que te cuentan. Fragmentado en mil pedazos, pero cuentito al fin. Microsalvataje del mundo real previsible, sin magia. Algunos ya hace rato que están experimentando y otros van llegando y entendiendo la forma de producirlo y monetizarlo. Y de consumirlo. Y así nos vamos adaptando. Queremos escribir. Los formatos verticales se perfilan como una nueva fuente de trabajo real y en pleno desarrollo.
Es un buen momento para que los productores asuman que es conveniente para todos profesionalizar y asignarles a los guiones una remuneración justa y atractiva para autores/ autoras del medio audiovisual. Sin duda el resultado se reflejará en la calidad de los contenidos y, por consiguiente, pondrá en valor los derechos autorales que correspondan.
Es hora de repensar casi todo. Contar lo mismo, pero con otro lenguaje. Crisis es cambio. Bienvenido el desafío y la rentabilidad del desafío.
Belén Wedeltoft
