VARIOS ESPECIALISTAS REFLEXIONAN SOBRE EL TEMA
El teatro en Santa Fe en tiempos de Milei
Escribo en mi calidad de teatrero: autor y director. Me pregunto cómo empezar a describir esto tan dramático y horrible que nos está ocurriendo desde que se sentó en la Casa Rosada el presidente “elegido” por el voto irresponsable (¿ignorante?) de compatriotas sonámbulos. Pienso y pienso y no encuentro explicaciones amigables, serenas, criteriosas y pacíficas que expliquen este momento. Solo siento bronca, mucha bronca y desesperanza. ¿Desesperanza? Sí, desesperanza es la palabra que mejor expresa el sentimiento común que hoy paraliza a millones de argentinos y argentinas.
Hace pocos días, por TV, también le escuché expresar a la Abuela de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, un sentimiento semejante: “Vamos a tener que ayudarnos entre nosotros”, dijo Estela. No dijo: “Salgamos a luchar” o “hagamos ruido”. No, nada de eso dijo. Solamente pronunció la palabra ayudarnos, un adjetivo que tristemente resume el estado de confusión, desorientación, perplejidad, tristeza y desamparo en el que estamos. También podría haber dicho: “Vamos a tener que socorrernos unos a otros”.

Desde lo personal les cuento que, en noviembre pasado, después de 24 años de funcionamiento, tuve que cerrar y enviar a depósito La Nave, un espacio teatral cultural creado en Rosario con el esfuerzo y el empuje de decenas de teatristas rosarinos. Fue éste un dolor para el que no encontré medicina ni consuelo. Recuerdo que, hasta el 2023, nuestra cartelera llegó a ofrecer cuatro distintas obras semanales y las funciones anuales sumaban no menos de 120. Pero los dos últimos años, 2024 y 2025, fueron horribles: la producción teatral independiente bajó a más de la mitad y en agosto del año pasado prácticamente nos quedamos sin repertorio que ofrecer.
El mismo efecto ocurrió con el público que disminuyó un 50%. Y a este desequilibrio económico se sumó el alza en los precios de los servicios y del alquiler de sala. ¿Qué hacer, cómo seguir?, fueron las preguntas de todas y todos los que hacíamos que nuestra Nave Teatral navegara. Como para nosotros el Instituto Nacional de Teatro (INT) estaba ciego y sordo desde hacía cinco años, decidimos buscar ayuda en Cultura Municipal de Rosario. La experiencia fue triste y desalentadora. No le vimos la cara a nadie de ese organismo estatal y nadie se nos acercó, siquiera, para escucharnos o saludarnos.
La respuesta de Cultura municipal fue un no seco y rotundo. Ellos también tendrán sus problemas y limitaciones, pensamos. Igual volvimos a ponernos pie y, para seguir vivos y andando, creamos La Nave Va, un ciclo de gira que nos permitirá, pensamos, llevar algunos de nuestros montajes a distintos escenarios de la ciudad y de la provincia. En este volver al ring, también nos acompaña la memoria. La memoria que nos dice de otros momentos tan o más horribles que estos, y de los que supimos salir airosos para seguir, con la magia del teatro, contando historias del presente, del pasado y del futuro.
¿Qué pasa en el resto de las salas independientes de Rosario? El fenómeno de destrucción y empobrecimiento es el mismo. Tienen, sí, el “beneficio” de que sus ocupantes no pagan alquiler porque fueron compradas por el INT y todavía siguen recibiendo algún subsidio por mantenimiento de sala. Pero la incertidumbre por el futuro los tiene, como a todos y a todas, preocupados, agobiados y alertas.
Ahora paso a transcribirles los testimonios que, para enriquecer y completar este panorama, solicité a una veintena de referentes del teatro independiente santafesino. No todos respondieron. Las causas de sus silencios no las sé, pero las intuyo. La grieta por Milei SÍ o Milei NO está viva y desata sentimientos encontrados. Es común, por ejemplo, escuchar decir en el ambiente teatral santafesino que “si seguimos criticando al gobierno vamos a perder la mitad de nuestro público”. Son, éstas, señales de los tiempos, diría el poeta Joaquín Giannuzzi.
Escuchemos, ahora, las voces de otros teatristas santafesinos.
Walter Operto
Testimonio de la directora, dramaturga, actriz y docente María Rosa Pfeiffer
Estos 2 años de neoliberalismo despiadado no han logrado desintegrar a la cultura santafesina. Los teatros siguen vivos. El público sigue asistiendo. Un público que se puede decir pertenece a una clase media alta. La llegada a un público más popular se produce ante todo en algunas salas barriales o con apoyo gremial. “El Birri” (Centro Cultural, Social y Biblioteca El Birri) es un ejemplo con entradas “a la gorra”. Las salas independientes venían sosteniéndose con los aportes del INT y eventuales apoyos de grupos de socios o de voluntarios. Pero las condiciones de vida y de trabajo de los artistas desmejoraron considerablemente, dado que las políticas públicas de los espacios oficiales alineados al gobierno nacional restringen cada vez más el acceso a grupos locales con una lógica de privatización (léase claramente Teatro Municipal de Santa Fe, donde la emblemática Sala Marechal ha dejado de estar a disposición de los hacedores). Y los espacios no alineados no cuentan con los recursos suficientes para solventar actividades culturales y hechos artísticos con la magnitud con que se desarrollaron durante gobiernos anteriores.

Los teatristas santafesinos, si bien nos consideramos profesionales, salvo raras excepciones, nunca nos hemos sostenido económicamente con nuestra actividad. La resistencia se da en el hacer independiente. No hay ganancias. No alcanza para pagar servicios y seguros de sala, a veces ni siquiera para una cena digna después de una función. Pero seguimos en movimiento. La cooperación, la solidaridad entre grupos, han multiplicado la producción de obras en todos los ámbitos artísticos. Es nuestra forma de luchar contra el vaciamiento. No nos detenemos. Nos preguntamos hasta dónde llegarán, hasta cuándo resistiremos. Somos conscientes de que no es casual el ataque a la cultura y a la educación, porque los detractores conocen su poder transformador. Defendemos con uñas y dientes y máscaras y pasos al INT, al INCAA, a las Bibliotecas Populares, a las asociaciones de músicos. En la calle, en las salas, en las redes, confiando en que la pesadilla acabará. Y nos encontrará juntos con el alma viva en las manos.
“En la raíz del teatro subyace la esperanza: Nadie sube a un escenario si no tiene una inmensa fe y esperanza en el diálogo con el espectador. Y nadie acude a una platea si no responde a esa esperanza con una simétrica voluntad de creer y esperar el diálogo. Un teatro de la esperanza es todo y lo único que debemos exigir.” (Gastón Breyer: La escena presente).
La opinión del actor, director y docente Christian Valci
Estamos pasando por uno de los peores momentos en el país y por consiguiente en el quehacer teatral, como todos sabemos por el cierre de tantos ministerios, y en lo que concierne al teatro, la intervención del INT y del Fondo Nacional de las Artes. Algunos dicen que siguen funcionando, pero tan limitados en su quehacer que es como la nada misma. En lo personal hice la mayoría de los proyectos a pulmón, ya que para mí en el INT había mucha burocracia y se hacía muy complicado llenar formularios con tantos requisitos. No obstante, quiero aclarar que el INT fue muy importante para equipar y sostener a decenas de salas en todo el país.

Pienso que el teatro no morirá. Hemos vivido tristes épocas, no sé si como la actual, pero el teatro sigue en pie y hoy, por ejemplo, es un éxito realizar obras cortas como se hace en el Microteatro rosarino. Personalmente, como actor, me fascina ser parte de este espacio, donde la mayoría de los espectadores son jóvenes, pero igualmente, como actor y director sigo apostando a las obras más largas. Hoy todo cuesta el doble: desde convocar al público para que venga a vernos, hasta conseguir un alumnado para formar parte de un taller y que estos alumnos tengan responsabilidad, disciplina y sean estudiosos.
Aclaro que, personalmente, ante tantos obstáculos, no sé hasta cuánto seguiré con esta pasión y energía. Si un día me veo sin la fuerza necesaria, entonces será la hora en que tendré que dejar la carrera. Ya llevo 48 años de mi vida ligados al teatro,
Habla el actor, director, docente y dramaturgo Rubén Pagura
Hace 12 años regresé a la Argentina, instalándome en Rosario, Santa Fe, después de vivir 45 años en Costa Rica. Allí tuve la oportunidad de formarme y desarrollarme profesionalmente en el teatro. También tuve la suerte (como seguramente la tuvieron también teatristas independientes argentinos en algún momento) de vivir dignamente de la profesión, con temporadas de varios meses con 3 o 4 funciones por semana. Fueron años de florecimiento del teatro independiente en los que aprendimos lo que cualquier artista con alguna experiencia sabe (y que expresaron maestros como Edison o Picasso), que la esencia del trabajo creativo es el famoso “1% de inspiración y 99% de transpiración” y que el buen resultado artístico sólo se obtiene con tiempo y dedicación casi monástica. Actualmente esas palabras suenan a idealismo trasnochado. En la época de las fast food, de la comida rápida, se impone la industria cultural como modelo de gestión de la creación en el que el objetivo central es la optimización de los procesos con el fin de obtener la mayor ganancia económica necesaria para sostener al grupo o institución. El “emprendedurismo” es el caballito de batalla neoliberal sobre el que se nos ha ido montando simultáneamente con la desatención por parte del Estado de áreas de la vida nacional consideradas “no rentables”, como la educación, la cultura o la salud.

En el 2014, cuando regresé, alcancé a vivir los últimos días de un “estado de bienestar” maltrecho, pero con destellos como una rica producción televisiva y cinematográfica entre otras manifestaciones culturales populares. Fue a partir del gobierno macrista en adelante que comenzó el deterioro característico de la profundización de las políticas neoliberales, con sus ajustes y recortes en gasto social (educación, cultura, salud, vivienda, etc.) y concentración de beneficios y privilegios para la élite financiera y agro- industrial. Con la llegada del gobierno mileísta, hoy se practica sin el menor pudor un franco ataque a los derechos y garantías sociales básicos y en particular a la cultura. Cierres de salas tradicionales de Rosario como La Nave o Arteón dan cuenta de ello. Asistimos además a la desaparición casi total de subvenciones y apoyos a grupos e instituciones de creadores independientes, obligándolos a trabajos cada vez más artísticamente pobres, con la “rentabilidad” como “inspiración” y la menor “transpiración” posible. Parece que estuviera hablando hoy Federico cuando dijo, en una cena: “Desde el teatro más modesto al más encumbrado se debe escribir la palabra ‘Arte’ en salas y camerinos, porque si no vamos a tener que poner la palabra ‘Comercio’ o alguna otra que no me atrevo a decir.” Así estamos ¿Qué hacemos?
Reflexiones del dramaturgo, crítico e investigador teatral José Moset
El descomunal retroceso del último bienio en la vida comunitaria argentina caló hondo en las actividades culturales y, en lo que nos concierne directamente, a las artes escénicas de las provincias. La desfinanciación y la virtual destrucción del Instituto Nacional del Teatro es la causa principal de esa situación, en tanto se pregona el ahorro que significa apoyar económicamente las tareas creadoras de los teatros de arte. Cabe aclarar que el INT no se sostenía con los impuestos que paga o no paga la clase alta o la media, ni mucho menos con el dinero de los docentes y jubilados, sino con una parte de las ganancias de los juegos de azar. Esa ayuda consistía en pagarle a los grupos parte de los alquileres y eventualmente la compra de una sala propia. También el INT organizaba concursos de dramaturgia, ofrecía becas de investigación, editaba libros y revistas con textos dramáticos o ensayos sobre los diversos saberes del teatro.
Pero puede ser ilustrativa esta otra restricción relacionada con las representaciones teatrales. En la provincia de Santa Fe hay una tradición muy valorada, la de los festivales de teatro, una práctica que permite la relación entre grupos de distintos lugares del país, ver lo que se hace en otras regiones, comparar estéticas en la actuación, la dirección, la dramaturgia, la iluminación, el sonido. Una ciudad santafesina de medianas dimensiones viene organizando anualmente un festival, pagando honorarios a los participantes y gastos de traslado, alojamiento y comidas. Todo eso estaba a cargo del INT. Sólo por la férrea vocación de un teatrista del lugar y un grupo de colaboradores se logró que la Municipalidad diera su apoyo.

Todo eso está bien, pero al contar con muchos menos fondos los organizadores decidieron que entre las propuestas inscriptas para participar se elegirán 2 (dos) obras para adultos y 2 (dos) para chicos. Ni quienes sean elegidos ni el público que vea los espectáculos ni los organizadores se convencerán de que estarán en presencia de un verdadero festival de teatro. Se tratará en todo caso de una muestra restringida gracias a la vocación y el fervor de quienes aman al teatro y a su gente. Pero esas funciones sólo mostrarán el diez por ciento de la parte visible del iceberg.
Pensamiento final
Concluidos los testimonios de las personalidades teatrales que opinaron luego de Walter Operto, este periodista, dramaturgo y director retoma la palabra y comenta como final o corolario de todo lo dicho: “Leídas todas las opiniones previas, desearía despedirme con la frase que una noche, después de ver Ya nadie recuerda a Frederic Chopin, de nuestro querido “Tito” Cossa, nos dijo un anónimo espectador: “Si más gente viniera a ver teatro de arte, tendríamos un país mejor”. Santas y gloriosas palabras, ¿no les parece?
¿Qué es Microteatro Rosario?
Explica Federico Fernández Moreno, director del Microteatro Rosario: “Es un espacio joven que recién ha cumplido cuatro años de funcionamiento y que, tal vez, no refleje la realidad de todas las salas independientes de la ciudad. Es un proyecto joven, que no sabemos cómo funcionaría su propuesta en un contexto diferente en lo social y económico. Pero seguimos creciendo en forma sostenida cada año porque aún hay mucha gente a la que no hemos llegado. Ha nacido un nuevo público en nuestra ciudad que, tal vez, y según afirma la propuesta del gobierno, está despertando una fuerte competencia por seducirlo, para que se acerque sus distintas propuestas escénicas. Lo importante para la comunidad es que Microteatro tiene un atractivo que seduce al público que ve por primera vez teatro, experiencia en la que una parte de todos esos espectadores quedan prendidos del valioso material que son capaces de producir los artistas de la ciudad y, a partir de allí, luego transitan otros teatros y ven obras ahora más largas y tienen la posibilidad de encontrarse con el teatro under rosarino. En lo económico siempre vivimos en tensión, como todos. En esta carrera comercial por no quedar afuera, mes a mes se va resignando rentabilidad para ser una de las salidas accesibles para todos. Y vemos que hay una delgada línea entre estar a buen precio o ser un producto caro. Los costos fijos, como alquileres, impuestos y servicios siguen aumentando a un ritmo que no podemos trasladar al cliente. Precios populares, tanto en boletería como en el bar, es una característica que nos permite tener el espacio hasta el momento con mucho público. Esto acompañando, por supuesto, a la tremenda capacidad de nuestros dramaturgos, directores y actores para producir obras de calidad. Microteatro no posee ningún tipo de apoyo estatal, así nació y continúa siendo. Por otro lado, en lo local, vemos un enorme crecimiento de propuestas culturales gratuitas bajo la producción municipal que, sin dudas, afecta a la comunidad teatral que pretende cobrar una entrada. Lo cual produce mucha incertidumbre. Por eso, con la idea de acompañar el crecimiento de una industria teatral en la ciudad, tenemos que ser cada día más detallistas y evitar cometer errores: es una exigencia imprescindible, porque la crisis pone a todos y al comercio en general en situación de fragilidad, en una vía que tiende a seguir profundizando el ajuste.

