ESCRIBE BELÉN WEDELTOFT SOBRE LA SERIE SEARCH PARTY

Cómo hacer todo mal (y que salga bien)

Search Party es una de esas series donde gente del medio confirma una vez más que en este negocio nadie sabe nada.

Ni se aprende. Se ganan batallas muñidos de un escarbadiente y se pierden con armas nucleares. Como en los tiempos de Goliat donde David apuntó y lo hizo. Pero no lo hubiera podido volver a hacer. Usando exactamente la misma teoría fracasaba seguro y Goliat se lo hubiera comido de un bocado.

Esta serie desafió todas las recetas del buen guionista y se lanzó al puro goce de contar sin necesidad de quedar bien ni con Dios ni con el diablo.

El recorrido de la trama es similar al del personaje: encontrar una motivación cuando no hay motivación. El recorrido es un avance a ciegas para escapar del abismo de la nada. Search Party se atreve a lo que casi nadie: traicionar el género para ser fiel a la neurosis de la protagonista. Sin duda un desafío peligroso que algún productor bancó con puro olfato de sabueso o desidia de perro cansado. Para el caso, no nos importa. Sucedió.

De la comedia indie al horror psicológico y la ciencia ficción, Search Party se asoma a todos los precipicios. Entre el thriller, el juicio mediático y el delirio místico, Search Party es una clase magistral de supervivencia narrativa. Una disección sobre cómo hacer todo mal -en la trama y en la moral- y, aun así, lograr una obra maestra de la sátira contemporánea.

“Aclaremos” dijo el amanecer. Search Party no fue una serie masiva de la que todo el mundo habló. La encontré azarosamente una madrugada, nadie me la recomendó.

¿Y entonces por qué fue considerada un éxito? Eso me puse a investigar y fui encontrando estas cositas.

Mantuvo puntajes altísimos, llegando al 100% en varias temporadas. Los críticos la amaron porque era “arriesgada” y no se parecía a nada.

Aunque no barrió con los Emmys, fue nominada a los Gotham Awards y otros premios de cine independiente, consolidando a Alia Shawkat (la prota) como una actriz de peso en el dark dramedy.

La serie empezó en un canal de cable común (TBS), pero tuvo tanto “ruido” positivo que HBO Max la rescató para sus últimas tres temporadas. Las plataformas siempre navegan los pajares buscando agujas. De la penumbra de TBS a la acolchada y segura plataforma MAX y a ver de qué te disfrazás ahora. Nada de eso amedrentó a los guionistas.

Al contrario, ese movimiento fue lo que le permitió volverse mucho más oscura, minimalista y visualmente ambiciosa. Dejaron que el equipo autoral escribiera lo que se les cantara. De qué otra manera se te puede ocurrir ese cuarto de goma de donde es imposible salir porque nada de lo que hay ahí adentro ofrece resistencia. La locura no tiene techo cuando se escabulle entre las letras del teclado.

¿Y los autores?

En el rol de showrunners, como tiene que ser.

Ellos son Sarah-Violet Bliss y Charles Rogers.

Trabajaron juntos desde el inicio, se conocieron en la universidad, ya habían ganado premios con su película Fort Tilden y se encargaron de volantear el timón de las cinco temporadas.

Sarah-Violet Bliss y Charles Rogers.

Bliss y Rogers escribieron y dirigieron gran parte de los episodios clave. Eso es lo que permitió que la serie mutara de género cada temporada sin perder la esencia. Ellos usaron el MacGuffin de Chantal para hablar de la falta de propósito. Su gran mérito como showrunners fue lograr que la audiencia empatizara con personajes que generan rechazo.

Fueron distinguidos por The Hollywood Reporter como parte de los “Power Showrunners” justamente por esa capacidad de mantener una visión tan autoral y arriesgada en una plataforma comercial.

Los que pescaron el punto fueron más que nada los milenials, la generación que gusta de flotar en los no contenidos. Fue considerada una sátira porque logró retratar sin filtros esa mezcla de narcisismo, mezquindad afectiva y falta de ideas. Como Dory buscando a Chantal, sin otra motivación que la de hacer algo. Y en esa misma línea va a armando su Search Party o “grupo de búsqueda” incluyendo un novio asexuado y otros personajes distópicos. Todos traccionados a pura inercia y articulados a la trama de un modo tan centrípeto que te hace reír de los nervios.

El Cliffhanger

Podríamos empezar planteando que, mientras en el manual de guion tradicional el protagonista quiere algo y lucha por conseguirlo, Dory Sief (Alia Shawkat) no quiere nada, y esa es precisamente su tragedia. Y el cliffhanger, claro.

Recordemos que “Cliffhanger” es un recurso narrativo que consiste en interrumpir una historia en su momento de mayor tensión o misterio, dejando al espectador o lector con la intriga.

El arco de Dory parte de una detective improvisada o una testigo en peligro y culmina en una lider de culto. Ella y los demás personajes intentan solucionar cada problema cometiendo un error mayor con una torpeza exasperante. Nadie mira hacia atrás para analizar los hechos. Lo único que logran enfocar son sus propios ombligos.

La desaparición de Chantal Witherbottom no es un nudo dramático, es una excusa existencial. En un mundo saturado de significados vacíos, Dory elige el misterio ajeno para no enfrentar el silencio propio. Search Party nos enseña que el MacGuffin no siempre sirve para que avance la trama, también puede servir para que el personaje se quede quieto en su propia neurosis mientras todo alrededor vuela por los aires.

Trama y temporadas

Search Party rompió todas las reglas y se inventó una propia: cambiar de género cada temporada. Qué descaro.

Temporada 1: Misterio. Noir Hipster / Mystery: El MacGuffin puro. La búsqueda de Chantal como hobby existencial.

Temporada 2: Thriller tipo Hitchcock. Hitchcockian Thriller. El peso de la culpa. De buscar a una víctima a esconder un cadáver.

Temporada 3: Drama judicial (Courtroom Drama). La performance de la inocencia. El juicio como un escenario de ficción dentro de la ficción.

Temporada 4: Terror psicológico. Psychological Horror / Misery. El cautiverio. La pérdida total de la identidad y el control.

Temporada 5: Sátira existencial/espiritual. Surrealist / Satirical Sci-Fi. El delirio de grandeza. De buscarse a sí misma a querer “salvar” al mundo (y destruirlo).

Logró sobrevivir 5 temporadas con 50 episodios, lo cual para una serie tan aparentemente “friki” es un éxito rotundo. Terminó en 2022 y solo porque admitieron que el personaje estaba agotado. Buen punto.

Search Party resignifica el MacGuffin, que no siempre sirve para que avance la trama. En este caso es para que la prota se quede paralizada en su propia neurosis mientras todo alrededor vuela por los aires.

Pocas series se atreven a dinamitar su propio contrato con el espectador en cada temporada. En el manual tradicional, el género es una promesa de tono y estructura, en Search Party, es una piel que se descama. El acierto de sus creadores también fue entender que el género debe acompañar la degradación moral de los protagonistas.

Esta mutación de géneros funciona porque el humor satírico actúa como tejido conectivo. No importa si estamos en un estrado o en un sótano de terror: la mirada ácida sobre la vacuidad de esta generación permanece intacta.

La quinta temporada es directamente un salto al abismo. Aquí, el guion comete el “error” definitivo: abandona el realismo neoyorquino para abrazar una ciencia ficción satírica y delirante. Dory, tras haber cruzado todos los límites éticos y legales, ya no busca a Chantal ni busca su propia inocencia, ahora busca salvar al mundo a través de un culto de iluminación química.

En términos de estructura clásica, saltar de un secuestro a una trama de zombies iluminados y pastillas de la felicidad es un suicidio narrativo. Sin embargo, funciona porque es la única escala posible para un ego que ya no cabe en este planeta.

El círculo se completa de forma brillante. Si en la primera temporada el MacGuffin era un espejo de la falta de propósito de Dory, en la quinta el mundo entero se convierte en ese espejo. La búsqueda de un sentido externo, esa obsesión milenial por ser alguien a través de algo, termina en un desastre biotecnológico.

La conclusión para nosotros, como autores, es reveladora: Search Party nos muestra que se puede romper cada regla del género si la traición estética es fiel a la verdad del personaje. Dory Sief hace todo mal, miente, encubre, manipula y termina destruyendo la civilización, pero en el proceso, la serie sale bien porque nunca parpadea. Nos obliga a mirar el vacío hasta que el vacío nos devuelve la mirada con una sonrisa cínica.