CHARLA CON EL HISTORIADOR TEATRAL Y CINEMATOGRÁFICO MARIO GALLINA
El hombre que mejor cuenta a las estrellas
“Quiénes fueron y qué legado dejaron esas grandes figuras de nuestro espectáculo”.
Ese fue, es -y será- el objetivo de cada libro editado por el multipremiado Mario Gallina, alguien que ha hecho de la esmerada preservación de la memoria de notables del universo artístico nacional su razón de vida profesional.
Referente del campo de la investigación teatral y cinematográfica en el país, es un apasionado de la actividad escénica porteña y propietario de un completo archivo con documentos invalorables, que se tradujo en la sucesiva edición de trabajos biográficos que han dado luz sobre la existencia de figuras en múltiples facetas.
Gallina – estirpe italiana, miramarense, con un abuelo que solía viajar en el día a Buenos Aires para ver ópera italiana y comprar ropa en La Mondiale, madre cinéfila, padre teatrero empedernido, coleccionista infatigable, espectador fiel y detallista, heredero de una tradición hotelera local en la que gente como, por ejemplo, Abel Santa Cruz y algunos de sus posteriores biografiados pasaban largas temporadas; actual merecedor de un reconocimiento unánime- pasó por Buenos Aires y se hizo tiempo para conversar con nosotros acerca de toda su labor.

La lista de sus trabajos biográficos impresiona. Es autor de los libros Carlos Hugo Christensen, historia de una pasión cinematográfica (1998); De Gardel a Norma Aleandro. Diccionario sobre figuras del cine argentino en el exterior (2000); Osvaldo Miranda. El comediante (2001); Querida Lolita, retrato de Lolita Torres (2006); Virginia Luque, la estrella de Buenos Aires (2013); Estoy hecho de cine. Conversaciones de José Martínez Suárez con Mario Gallina (2013); Los caminos de Alfredo Alcón (2016) y Thelma Biral, historia de una actriz (2022).
Asimismo, participó en un texto en coautoría editado por el Museo del Cine sobre Hugo del Carril, en el que abordó una faceta determinada del cantante, director y actor: su labor en el exterior. Además, convocado por el Festival de Cine de Mar del Plata, puso su firma en cuatro volúmenes junto a otros autores, donde trazó un panorama sobre un cuarteto de notables: Analía Gadé, Alberto Closas, Susana Freyre y Golde Flami.
Fue distinguido por Argentores en 2023 (“por su valiosa obra de investigación cultural”) y obtuvo diversos premios, entre los que se pueden citar el “Teatro del Mundo” (Universidad de Buenos Aires), el Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires, el Premio Florencio Sánchez (Casa del Teatro), la Faja de Honor de la SADE, la Faja de Honor de la S.E.P. (Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires), el Premio María Guerrero (Asociación Amigos del Teatro Nacional Cervantes) y el Premio Luisa Vehil, entre otros. También se desempeñó como jurado en festivales internacionales de cine y colaboró con diversas publicaciones del país y del exterior.
“Un investigador como yo es alguien que quiere preservar la memoria, la cultura en general y, dentro de ella, el cine y el teatro”, afirma.
“Nos precedieron figuras fundacionales extraordinarias y debemos tenerlas presentes. Tenemos una historia. Una gran historia. Hay que saber de dónde venimos para saber hacia dónde vamos, manteniendo siempre la llama encendida”, observa enseguida.
Gallina explica, didácticamente, que un historiador como él trabaja en primer lugar sobre lo que ha visto, “lo cual no es poco”, y recién luego sobre lo que le ha llegado por otros medios o ha ocurrido en otros tiempos.
“Tengo ya cerca de 70 años como espectador de cine y teatro”, estima. Y completa: “He visto mucho. ¡Mucho! Pensemos que en mi ciudad, en los cincuenta, por ejemplo, los martes estaban las funciones para niños y damas y cada domingo llegaban los estrenos. Yo no sabía leer y ya había visto decenas de filmes nacionales. Vi mucho cine argentino de los treinta y de los cuarenta, que todo el tiempo se reestrenaba”.
Con el paso del tiempo, los viajes de Gallina con sus padres a Buenos Aires se hicieron algo natural. El universo fuera de la zona de Miramar era para él una gran ciudad y, dentro de ella, sus salas. Y, como si no bastara su propio gusto por lo artístico, la influencia de ambos padres se hacía sentir.

“O adhería al mandato de mis padres o rechazaba ese modo de vida”. Prevaleció lo primero y Gallina armó su proyecto de vida cerca: en Mar del Plata, donde se formó en la Escuela de Arte Dramático y fue profesor y actor. En forma paralela, seguía recortando revistas y armando carpetas temáticas casi perfectas, además de viajar constantemente a Buenos Aires. Había en ese proceso demasiada información codificada como para que quedara sin uso.
¿Nacía allí una vocación periodística? ¿Se perfilaba un futuro cronista? “No, yo soy de investigaciones más bien largas, sin apuro”.
La gran pregunta de aquella hora fue entonces: “¿Qué hago yo con todo esto?”.
A mediados de los ochenta apareció el hombre clave: José Martínez Suárez (1925-2019).
Con el experimentado docente, integral hombre de cine, forjador de talentos y director y guionista de El crack, Gallina construyó una gran relación en la que pulió su estilo y aprendió a sintetizar “borgianamente”, como diría “Josecito”. Finalmente, tras algunos años, escuchó de su tutor el esperado: “Bueno, ya estás listo. Acá tenemos un libro”.
El contenido hacía referencia al director y autor Carlos Hugo Christensen (1914-1999). Con aquel primer libro se iniciaría una etapa sin fin de chequeos, encuentros con figuras -y, en algunos casos, con sus seres más cercanos tras sus fallecimientos-, búsqueda de datos, fotografías y rastreo de anécdotas e historias personales, siempre en un contexto de cercanía respetuosa con el biografiado.
Tras el trabajo sobre el creador de Safo y El ángel desnudo, llegó el diccionario De Gardel a Norma Aleandro -investigación que nuclea la actividad en el exterior de intérpretes, autores y otros rubros del espectáculo-; apareció su biografía sobre el inolvidable Osvaldo Miranda (1915-2011) y luego su mirada se volcó sobre dos notables de la actuación y la canción argentinas: Lolita Torres (1930-2002) y Virginia Luque (1927-2014). Más tarde se editó un libro que compendia larguísimas charlas con Martínez Suárez y, posteriormente, publicó sendas biografías de dos intérpretes de gran relevancia: Alfredo Alcón (1930-2014) y la vigente Thelma Biral (1941).
El investigador puntualiza que trabaja “de lo general a lo particular”, que ya tiene en mente biografiar a un actor argentino fallecido y también un nuevo diccionario que abarcaría la segunda mitad del siglo XX, y que las personalidades de su interés deben merecer su “total respeto personal y profesional”.

“Y ser populares, pero en el más noble sentido de la palabra; ninguno de ellos habría salido de un producto como Gran Hermano”, agrega.
Su relación con el mundo autoral es estrecha, dice enseguida. “Los autores y autoras han tenido siempre lugar en cada uno de los libros, en apartados especiales”, señala. “Y he seguido muy de cerca a la gran generación autoral que irrumpió en los sesenta: desde la inicial aparición de Carlos Gorostiza con El puente hasta Cossa, Talesnik, Somigliana, Halac, Mauricio o Rozenmacher”.
La charla con el historiador gira hacia el presente. ¿Cómo se relaciona con esta cultura en la que prevalece la inmediatez, donde todo es ahora y el pasado es una abstracción casi desconocida?
“Y… no muy bien. Soy como un Quijote, pero lo que siento es que mientras haya una sola persona a la que pueda interesar vivamente con la vida de Lolita, de Alcón, de Thelma -en fin, de todos-, me basta y me sobra”.
LC
