REFLEXIONES SOBRE UN TEMA QUE PREOCUPA A LOS MÚSICOS
¿La Inteligencia Artificial da la nota?
Ante la preocupación y las consultas que recibí en los últimos tiempos de colegas compositores y autores, como miembro de la Comisión de Música de Argentores, decidí sumergirme en el sinuoso, complejo y alarmante mundo de la Inteligencia Artificial (IA) en la música y la letra.
Un poco de historia: en primer lugar, de Corea surgió el grupo de k-pop Plave, una banda totalmente conformada por avatares, de gran éxito y masividad y con formas increíblemente humanas. Tenemos, además, a la banda Eternyti y siguen los nombres y formaciones. También las hay de música country, rock y pop. Inclusive el mismo Boy George admitió que hoy compone sus canciones con IA.

Obviamente esto también trajo como contracara que grandes artistas como Paul Mc Cartney, Hans Zimmer, Kate Bush o Annie Lennox crearan “canciones de silencio” a modo de protesta. Esto parecería que a nosotros -más dedicados a la música creada especialmente a las artes escénicas, cinematográfica o de audiovisuales-, no nos tocaría, pero, es lamentable, debo decir que sí, que nos involucra. De hecho, quien firma este artículo fue víctima de este invisible enemigo. El año pasado me convocaron para componer la música de una obra del circuito comercial con gran elenco, y en plena calle Corrientes. En la primera lectura, tras las presentaciones, me fui a casa ya dispuesto a trabajar en eso, pero a la semana no había noticias de la producción. La semana siguiente, sin que nadie se conectara para arreglar mi puntaje o concurrir a un ensayo, pregunté y me dijeron que ya habían resuelto lo de la música…
Cuando se estrenó esa obra (con éxito, por cierto) vi el nombre de “el compositor” y no lo conocía…Fui a Google y no existía. Tiempo después me enteré de que, esa música, había sido hecho mediante ¡IA! Obviamente no era este productor el enemigo, pero sí, podía serlo la IA, así que lejos de temerle me puse a estudiarla a fondo y saber con qué competencia me enfrentaba. Hice una reunión en Argentores con colegas, con un representante legal de la entidad y con Pablo Menegol, miembro de la Comisión de Nuevas Tecnologías. Fue muy interesante y me sirvió para confirmar que había algunas herramientas en desarrollo para detectar si una música, una letra o un texto fueron creado con IA. Esto podría implementarse, en Argentores, poniendo la condición de declarar si tal música o texto fue creado con IA. Así, al menos, la competencia no sería tan despareja. Con esta aclaración, quien pida una música original deberá ser el responsable de su utilización con fines artísticos.
Pero mi tarea no es la de “deschavar” a productores y/o directores que utilicen estos medios digitales para reemplazar a los compositores y así ahorrarse unos mangos de derechos. Mi tarea es la de estudiar en profundidad estas páginas y poder manejarlas hasta su límite de eficacia y comprobar lo que fui comprobando. La IA sí te puede armar una canción, con una voz –incluso con arreglos de cuerdas, con guitarras, etc.-, pero jamás podría componer la Novena Sinfonía, ni el “disco blanco” de los Beatles y ni intentar imitar al doble de Almendra. Eso no es posible, como tampoco crear una música incidental que vaya respirando y creciendo en el transcurso de un texto dicho por una actriz a la que fuimos acompañando en su proceso creativo. No podría jamás mezclar el misterio del tango, con la energía del rock, la sutileza de Bach o crear un tema de Piazzolla.

Entiendo que tanto músicos, como directores o productores, cuando piden a lo sumo “créame una melodía de comedia, estilo Casados con hijos, rítmica, divertida y pegadiza” se asombren cuando a lo sumo les tira dos opciones muy bien producidas, que cumplen con las directivas del prompt (instrucción, pregunta o entrada de texto, imagen o audio que un usuario proporciona a un modelo de inteligencia artificial) para obtener una respuesta, contenido o acción específica. Pero, si le piden más opciones verán que la IA siempre usa los mismos recursos, ya que se pueden identificar los trémolos, los spicatto de cuerdas, etc., como si hubieran sido hechos por la misma persona. O sea, repite fórmulas, clichés y lugares comunes, pero por sobre todo sin alma y si no hay alma…no hay vida.
Y para finalizar, pienso que, como todo en la vida, esta movida trae también alguna resonancia positiva. Por ejemplo, los show en vivo se han incrementado, ya que ahí sí hay que ser músico, cantante y además tener un corazón para dejar todo en el escenario. He visto gestos muy humanos y de resonancia cercana con el público en algunas megaestrellas que nos han visitado últimamente. Por ejemplo, a Dua Lipa, saludando, sacándose fotos y estando cerca de sus fans, a Rosalía pasear por las calles de San Telmo y yendo a la cancha de Boca (mal que me pese, jaja) y podría seguir con más nombres como Sting, colaborando y muy cerca de artistas nacionales, a Chris Martin, de Coldpaly !y muchos más!

Esta necesidad y búsqueda de resonar con el otro, de estar cerca desde lo humano y vivencial, son una luz de esperanza; aún hay mucho por delante para lograr emular esa energía del vivo, del templo -donde como en la antigüedad- se juntaban personas a vivir la misma experiencia y vibrar en comunidad”.
Martín Bianchedi
